En el año 1993 por primera vez escuché ese nombre. Pregunte que era, me dijeron una obra católica. Pregunte que hacían. Me dijeron acompañamos a los abuelos, a los niños, estamos en hospitales, etc.

En la recién comenzada carrera universitaria, en la Universidad del Salvador sonaba algo lejano la obra.

La obra se fue acercando a través que una amiga se fue acercando espiritualmente y alejando materialmente, hasta dejar la universidad y a la larga tomar los hábitos.

Que habrá visto de esa obra que la lleve a cambiar de vida y de opción me preguntaba? Y encontré la respuesta yo mismo cuando conocí distintos puntos corazón y vi la tarea.

No parece una tarea a priorí pomposa, quizás por eso mismo es importante. Vi a unos niños aprendiendo a leer en el sur de italia, vi a unos enfermos de sida en el hospital muñiz cuidados espiritualmente por hermana Milagro, vi otros niños jugando en la Habana sin política de por medio y cantando canciones con Magda, vi la ilusión de procurar llevar la palabra de Dios.

Un mensaje simplemente. Quizás esa primera fazenda en Brasil, de hace más de veinte años, o la casa de Villa Jardín en los suburbios de Buenos Aires sea fundamentalmente eso. Un lugar donde llevar un mensaje de esperanza, de caridad y de fe.

Un espacio donde se agradece el pan cotidiano y se honrá a la vida. Por ello, cada vez que he visitado un Punto Corazón, a sus hermanas, sus Padres, los amigos de los niños, los Padrinos me siento un poco mejor. Soy un poco mejor. Seguramente no es por mí. Es por lo que hacen. Acercarnos a Dios y a su Mater.

 

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