Lima, 12 de Mayo 2016

Mi nombre es A.R., tengo 36 años, soy Ingeniero Civil de profesión y comprometido con Magaly Cardenas para casarnos el próximo Marzo.17.

Conozco Puntos Corazón desde hace ya, 20 años y la inquietud para salir de misión, la tenía desde aquel entonces, pero era muy joven y temeroso. Siempre que me planteaba esta posibilidad, inmediatamente, me ataba a responsabilidades, compromisos y sobre todo, a la inseguridad de no “conocer” lo que me esperaba pues no quería salir de mi zona de confort. Así paso el tiempo, aún me mantuve cerca de la Obra, al igual que ese deseo dentro de mi corazón de servir a los más pobres y a los que sufren.

Finalmente salí con la obra desde enero del 2010 hasta octubre del 2012, formando parte de una comunidad de cinco jóvenes que vivían en un lugar humilde de Guayaquil – Ecuador, llamado la Isla Trinitaria, es un lugar donde uno puede encontrar pobreza, tristeza, violencia, drogas, alcohol, pero donde también se encuentra alegría, amor, anhelos, compartir, familia, vecinos y sobretodo Amigos.

Tengo la certeza de que Dios me quería ahí, y no es porque yo haya sido o sea buenito ni nada, es porque “soy el más necesitado, el más indigno, el más pecador, pues lo que pasa aquí no es por mi sino por ÈL que me lleva mas allá“(como dice mi hermana Milagros).

El testimonio que puedo dar de lo que viví en la misión es este: Aunque varias veces no quise ni levantarme de la cama o encarar una situación difícil (recordaba mi casa, mi comodidad, etc), pero cuando en verdad, dejo que ÈL actúe en mi, su Gracia lo hace, me da la fuerza para avanzar, la sonrisa para amar, cambia mi mirada hacia los demás y me permite mirarlos sin juzgarlos ni condenarlos, me permite reconocer que el centro de todo es ÈL.

Ahora en mi día a día lo hago, LUCHO, lucho con alegría y en Puntos Corazón aprendí eso, a luchar, a no rendirte, a buscar al Señor, a no dejarse llevar por el egoísmo, sino de ir al encuentro del OTRO, pues nos llevan a la escuela del amor (adoración al santísimo y misa diária), a la escuela de la amistad (las familias del barrio, nuestros hermanos de comunidad), la escuela de la humanidad (seguir a Cristo en los que sufren, a escuchar, ser paciente)

Así que los animo a emprender este camino, un camino duro pero hermoso, un camino que vale la pena de la mano de nuestro Señor.

A.R.